Para entender qué es el dolor crónico primero tenemos que comprender  que es el dolor.

Durante siglos se ha fracasado a la hora de englobar en una sola definición debido  a la enorme complejidad y multitud de aspectos y variantes que presenta el dolor. Todos sabemos perfectamente a qué nos referimos cuando hablamos de qué es el dolor y sin embargo no significa lo mismo para ninguno de nosotros. Se han propuesto gran número de definiciones del dolor lo cual refleja la enorme dificultad para encontrar una definición exacta. La definición más aceptada actualmente, es la de la Asociación Mundial para el Estudio del Dolor (IASP): “es una experiencia sensorial y emocional desagradable, asociada con un daño tisular, real o potencial, o descrita en términos de dicho daño”.  

¿Cómo se produce el dolor?

Primero aparece el estimulo nocivo (herida, golpe, etc) y se transmite un mensaje que viaja desde el sitio donde se ha producido el daño hasta el cerebro para que nos demos cuenta de ello.  Una vez el mensaje ha llegado hasta el cerebro lo comparamos con la información que tenemos guardada en el de otras experiencias. ¿Cuánto de doloroso es comparado con otras veces? Esta comparación es la que hace que vivamos la sensación de dolor como algo más desagradable y llevemos a cabo conductas para huir de lo que nos lo está provocando. Por último, este dolor aparece acompañado de una emoción negativa como la ansiedad, la tristeza o el enfado  que es la que hace que el dolor se intensifique todavía más. Esta es la parte en la que podemos intervenir porque nosotros somos dueños de nuestras emociones y si aprendemos a manejarlas aprenderemos a gestionar el dolor.

Ya hemos entendido que es el dolor pero y ¿qué diferencia hay entre el dolor y  el dolor crónico? El dolor crónico es aquel dolor que nunca deja de estar presente, no se pasa. El que lo padece puede sentirlo con mayor o menor intensidad a lo largo del día pero siempre está presente. El dolor crónico suele ser continuo, intratable e intermitente o recurrente. Aún cuando sea leve, se vuelve incómodo y condiciona el día a día del que lo sufre. Genera sentimientos de impotencia, desesperación y angustia

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Elena Jambrina Prieto

Psicóloga en Anclaje Positivo

 

 

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